La Dama de Elche: objeto emblemático del Museo Arqueológico Nacional


La Dama de Elche es una pieza clave del Museo Arqueológico Nacional. Su belleza y fama la convierten en uno de los mayores atractivos del museo, pero la carga simbólica detrás de la escultura esconde un pasado evolutivo en el uso de sus valores: desde la sensualidad femenina, la mujer española, la cultura nacional hasta su explotación durante el fascismo y su uso como icono nacional de España. Este resumen refleja parte de los resultados de un trabajo propio que busca analizar La Dama de Elche a partir de las características formales, su historia, su relevancia, su museografía, su expología, su fuerza simbólica y su relación con los visitantes haciendo sobre todo hincapié en la evolución de los discursos y su importancia dentro y fuera del museo y las luchas del presente surgidas de su doble fuerza identitaria: la local y la nacional.


Encontrada un 4 de agosto de 1897 en Elche, la pieza comprada para el Louvre por Pierre París y expuesta allí hasta 1941 retorna a España para ser expuesta en el Prado y posteriormente en el MAN. Existe gran diversidad de hipótesis detrás del uso de la pieza, siendo su función funeraria la más aceptada. La Dama de Elche combina su fuerza estética e histórica siendo una de las más representativas de la cultura ibérica.

Actualmente existen reclamaciones que buscan el traslado definitivo de la Dama al municipio de su hallazgo, una pieza que juega entre la identidad local de Elche -expuesta allí solo dos veces: en 1965 y 2006- y el discurso nacional desde el Museo Arqueológico. ¿Debe la pieza permanecer en la capital o trasladarse a su contexto más original posible? Aunque su autenticidad ha sido discutida, los últimos estudios han confirmado su antigüedad.

Los objetos funcionan como medio de comunicación del museo, cruzando las ideas entre el conocimiento e información tras los objetos. El museo desde su reforma en 2014 busca difundir la historia de los distintos pueblos que forman la actual España a partir de su colección y conocimiento arqueológico a través de un recorrido cronológico e interactivo. Con un discurso nacional a través de la alternancia de museografía y objetos simbólicos, la Dama de Elche preside la planta de protohistoria interceptando al visitante en su recorrido.

La Dama se expone en un pedestal con vitrina, más alta que el resto y observable en todos sus lados, que ocupa una disposición central en la sala 13 del museo; visible nada más acceder a la planta con un gran panel vacío detrás que tapa la vista de lo que hay más allá; para observar solo a la Dama desde lejos, vigilante. Asociados, se encuentran dos paneles aislados con información sobre la escultura: exponiendo sus hipótesis interpretativas y su historia complementada con la aplicación.

Con una posición preferente en la expología del museo, donde juega como elemento central visible siempre al fondo mientras se van visitando las diferentes salas ibéricas, se muestra como una pieza emblemática e icónica de la institución y de su exposición. Su presencia continua en su web; encabezando la lista de “imprescindibles”; el uso de ella como icono de la aplicación y su posición preferente en catálogos, dípticos y videos promocionales es, además, muestra de ello.

El museo, jugando con la vertiente más estética y contemplativa de la pieza, explota la Dama de Elche como la pieza arqueológica más conocida del país. Jugando entre elemento documental y artístico, la explicación más bien formal, aunque existente, queda relegada a un segundo plano y no varía mucho en sus diferentes formas de difusión. La fuerza del discurso del museo con la escultura está en su disposición y en la fuerza que le dan a su contemplación: la pieza fuerza una unión de esa cultura ibérica poco homogénea a la vez que muestra la riqueza cultural del mundo ibérico. El misticismo de la pieza, su calidad estética y los valores identitarios que hay detrás, saben que son en si mismos un reclamo de la Dama de Elche cara al visitante, siendo finalmente la pieza más visitada y comentada en Internet.

La conversación entre la Dama y el visitante nunca es unidireccional; las ideas preconcebidas y los valores de identidad detrás de la Dama se entremezclan con el discurso del museo. La Dama de Elche tiene sin duda una carga identitaria en el país. Sacralizada ya en el Louvre, antes de su exposición en el Prado, la Dama ha ido sufriendo variaciones en el uso de sus valores. Existen además dos identidades diferenciadas en torno a esta escultura. Por una parte, una de carácter local relacionada con la región de Elche y otra de carácter nacional, surgida del uso de la Dama de Elche como icono de la nación, previo incluso a la victoria del fascismo.

En su identidad local, para los ilicitanos representa la memoria colectiva, la localidad y sus valores culturales regionales. Su imagen se encuentra en el logo de sus empresas, equipos deportivos, carteles culturales entrelazando la Dama con sus fiestas y tradiciones. Diferentes organismos como su ayuntamiento, su museo, asociaciones o su universidad velan por su patrimonio y piden el regreso de la escultura.

En el ideario nacional la escultura evolucionará primero como representante cultural del país y de la mujer española, para transformarse luego en una idea más patriótica y nacionalista. Con el inicio del franquismo y su vuelta, se le asociarán valores como la recuperación de la “dignidad española” y la reconquista de la cultura; englobado en un plan de revisión histórica caracterizada por el uso de la arqueología y la historiografía como justificación del nuevo orden impuesto transformando a la Dama de Elche en uno de los iconos del nuevo régimen y de la nación.

Con el paso de la dictadura y su caída, la Dama ha perdido su carga identitaria asociada al fascismo, pero manteniéndose como un símbolo identificativo en el imaginario común de la cultura ibérica y del país. A nivel nacional, cada vez está más asociada al ámbito cultural y arqueológico en contraste con el ámbito local, manteniéndose su identidad cultural con fuerza, siendo a veces en el contexto valenciano como un elemento de defensa cultural regional.

En un contexto del país donde la unidad española se pone en duda, es lógico que un símbolo como la Dama de Elche mantenga una relevancia interesante en su simbolismo anterior. Elche la reclama, el gobierno se mantiene inamovible en su decisión de exponerla en Madrid y el MAN no incide mucho en estos aspectos. Planteándonos una incógnita: ¿Que papel debe jugar en todo esto?

La Dama de Elche, ajena a su propio conocimiento, querida por dos visiones de la identidad, espera en medio de una lucha política camuflada entre su belleza. Esperando a otro visitante que se le acerque y sepa apreciar su valor artístico, cultural y su aportación en el conocimiento de las culturas ibéricas.


Bibliografía

Abad, Lorenzo, 2006, "La Dama de Elche cumple cien años", Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Olmos, Ricardo; Tortosa, Trinidad, 1997, "La Dama de Elche: lecturas desde la diversidad", Agepasa.

Sanz, Rubí, 2006, “La Dama de Elche en el Museo Arqueológico Nacional”, la Dama de Elche: figura y símbolo, Fundación Universitaria de Investigación Arqueológica La Alcudia.







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